“¡No soy perfecto!”, dijo Guardiola, feliz y agobiado, emocionado y agotado, harto y encantado de que siempre le hagan las mismas preguntas cuando este lunes en la lluviosa Manchester llegó el día irrevocable de la previa de otra eliminatoria de Champions y el auditorio le recordó todo aquello que no tiene, o todo aquello que perdió, y nunca perdió más que cuando perdió la final en 2021.

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