De repente, un rugido sacude la fría y lluviosa Augusta. Poco después, la grada tiembla de nuevo. ¿Quién es capaz de agitar tantas emociones en el Masters? Los ecos llegan del hoyo 15, un par cinco. Tiger Woods no ha firmado el golpe más largo desde la salida. A los 47 años, el gigante que revolucionó el golf y abrió las puertas de los gimnasios ha sido engullido por un pelotón de pegadores. Con la distancia media que el Tigre alcanzaba con el driver en 1997, año de su primer Masters, hoy caería al puesto 128 del circuito americano en la clasificación de esa estadística. Woods ya no le pega fuerte, pero sigue siendo el campeón de 15 grandes, el dueño de cinco chaquetas verdes, y el juego aún late en sus manos aunque sufra para caminar por el tobogán de Augusta. Con el segundo golpe, magia. La bola toca el trapo de la bandera. Primer rugido de los aficionados. Con el putt siguiente caza el birdie. Segundo griterío.

