Michael Jordan conoce el lugar hacia el que se dirige mi vida, ya ha estado allí”, declaró Tiger Woods en el programa de Oprah a los pocos días de enfundarse su primera chaqueta verde. La amistad entre el nuevo prodigio del deporte americano y aquel dios disfrazado de jugador de baloncesto estaba en boca de todos a mediados de 1997, año que vio el alumbramiento del primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. “Supongo que podría ser una especie de Michael Jordan en el golf, o algo así”, había pronosticado un jovencísimo Tiger ante las cámaras de Trans World Sport siete años antes. Los chistes que suplantaban a la oveja Dolly por un felino se encontraban, de repente, a la orden del día.

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