No perdona el Madrid cuando juega una final o afronta una situación límite como la de anoche en el Camp Nou. Jugó con el aplomo, la seguridad y también la eficacia de los equipos campeones para alcanzar la final de Copa que jugará el 6 de mayo contra Osasuna en Sevilla. El Barça se batió con entereza mientras se sintió cerca de la victoria con el rugir del Camp Nou. No tuvo respuesta en cambio a partir del 0-1. Intentó igualar el partido con esfuerzo después del 0-3 para acabar de mala manera, derrengado en la cancha y vaciada la grada, avergonzada la afición por una goleada que no se daba desde 1963. A los azulgrana les faltó juego, futbolistas y acierto, demasiadas concesiones ante un Madrid talentoso y contundente, mucho mejor que el de la Liga. El del martes no era un encuentro más sino la semifinal de Copa, una cita suficientemente importante para que el Madrid despojara al Barça, denunciara sus carencias y le sometiera a un marcador de escarnio en un momento crítico en un aturdido Camp Nou.

