El Gran Premio de Australia perfectamente podía haber sido un tostón de no intervenir dirección de carrera, que neutralizó la prueba en tres ocasiones con bandera roja, eventualidad que obligó al pelotón a reagruparse en la parrilla de salida con todo el ceremonial y los nervios que eso supone. Especialmente controvertida fue la segunda parada, motivada por Kevin Magnussen cuando quedaban menos de cuatro vueltas para el final, después de que el danés de Haas midiera mal y reventara la rueda derecha izquierda de su coche contra el muro, dejando la pista llena de escombros. La imposibilidad de despejar la zona con los bólidos circulando hizo que los comisarios se vinieran arriba y decretaran que la cita se decidiría en un sprint de solo dos vueltas que daría comienzo de la forma convencional.

