Los Boston Celtics dieron en el primer partido de la final de la NBA una lección de confianza en sí mismos que daría para un libro de autoayuda. Sin duda, un éxito de ventas. Varias veces dieron por muertas sus aspiraciones de derrotar a domicilio a los Golden State Warriors. Y varias veces encontraron el modo de levantarse de la lona. El marcador acabó con un 120-108, que se queda corto para explicar los vaivenes de un partido extraño, en el que el equipo de San Francisco llegó a ganar de 15 puntos y que acabó con la primera derrota en casa de los Warriors desde el final de la temporada regular.

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