El Barça cerró con la constructora turca Limak un ajustado plazo de obras para remodelar el Camp Nou. Su intención es que el primer equipo de fútbol pueda volver a jugar allí en noviembre de 2024 y no prolongar más su exilio en el estadio Lluís Companys de Montjuïc, donde se instalará a partir de la próxima semana. Para que sea posible es necesario que el inicio de las obras de desmantelamiento de la tercera gradería del estadio no se demore más allá de junio próximo. Pero antes el club debe conseguir 1.500 millones de euros para financiarlo, pese a que las obras del estadio apenas se situarán en los 950 millones. El próximo viernes es el último día para sellar ese acuerdo y el momento no parece el más propicio para la entidad: a la crisis reputacional que sufre el club por el caso Negreira y su incapacidad en los últimos años de obtener beneficios se suma la desconfianza que se cierne sobre los mercados financieros tras la caída del Silicon Valley Bank, crisis que se ha extendido a Europa (ya afectada por la guerra en Ucrania) a través de Credit Suisse y los temores sobre el futuro de Deutsche Bank. Cuesta conseguir el dinero a un coste que la entidad considere aceptable.

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