Ide Schelling, de Bora, miraba hacia atrás y reivindicaba a sus compañeros que le hicieran de lanzadera, que de lo contrario no había tutía. Se enrabietaba y con razón el neerlandés porque Cofidis y Alpecin le cogían el rebufo para lanzar el sprint de sus hombres rápidos. El primero que lo intentó, baile fiero sobre la bici, fue el francés Coquard, que se las prometía felices. Parecía que suyo sería el laurel. Pero habilidoso para encontrar su hueco, para arremeter y levantarse sobre su arma, Kaden Groves, de pedaleadas de fuego, dio un último golpe de riñón y se llevó la etapa en la foto-finish, triunfo que le señala como el hombre bala de este pelotón en el que escasean los sprinters porque en la Volta se mira hacia arriba, carreteras escarpadas y finales en alto.

