El lunes, la luminosidad blanquecina de Lisboa se prestaba a presidir el primer entrenamiento de Roberto Martínez (Balaguer, Lleida; 49 años) al frente de la selección portuguesa. Para un hombre que ha pasado los últimos 30 años de su vida como jugador y entrenador bajo los cielos plomizos y pluviosos del Reino Unido y Bélgica, la calidez de la tarde lisboeta le llevó a ordenar que las tablas de ejercicios físicos a realizar en el gimnasio se efectuaran al aire libre. El campo de entrenamiento de las modernas instalaciones de la federación portuguesa fue invadido por colchonetas y bicicletas estáticas. Sobre estas, los internacionales portugueses se dispusieron a levantar el telón del primer seleccionador de la historia de habla no lusa. La gran mayoría de ellos formó parte de la selección que bajo la dirección de Fernando Santos fue eliminada por Marruecos en los cuartos de final del Mundial de Qatar. Para los placenteros estrenos de este jueves ante Liechtenstein en Braga (20.45, Uefa TV), y la visita del domingo a Luxemburgo, Martínez no ha operado la revolución que demandaban una parte considerable de los aficionados lusos. La simbología del cambio debía ser la no inclusión de Cristiano Ronaldo.

