<strong>Jorge Sampaoli</strong> siempre ha sido muy claro a la hora de describir cómo llegó su <strong>segunda etapa en el Sevilla</strong>. No deseaba regresar. En sus propias palabras: <strong>»No me gusta volver a un lugar donde fui feliz»</strong>. ¿Por qué lo hizo? Porque se encontraba <strong>en deuda con el Sevilla</strong>, después de su primer y precipitado adiós. La temporada <strong>2016-17</strong>, justo la <strong>última de Monchi antes de marcharse a la Roma</strong>, fue su primera etapa. Dejó al equipo cuarto y al aficionado medio feliz por ver que su equipo podía ganar y competir con otro estilo. Se trataba de otra de esas planificaciones exitosas del director deportivo. Sin embargo, <strong>el de Casilda no cumplió su contrato</strong>. La <strong>selección de Argentina</strong> llamó a su puerta para dirigir al equipo en el Mundial de Rusia. No pudo negarse. Entre la AFA y él <strong>abonaron la cláusula de salida</strong>. Ahora es el Sevilla quien debe pagarle al entrenador para que se marche. <strong>Sampaoli no olvida lo que sucedió en el pasado</strong>.

