Hace dos cursos, los capitanes del equipo del Barça de balonmano le dijeron por sorpresa que levantara la copa de la Champions. Dika Mem (París, 25 años) se sonrojó. “Nunca estoy en el centro de los festejos, pero en esa ocasión creo que lo hicieron porque me tenían respeto, porque estaba jugando a un gran nivel y porque soy bueno para el vestuario; me llevo bien con todos”, reflexiona en un encuentro con EL PAÍS. Mem sentía en Colonia, tras batir al Aalborg danés, que estaba tocando el cielo, que se lo había ganado después de todo lo que había luchado para convertirse en uno de los mejores jugadores del planeta. Un premio para un chico que pasó una infancia complicada y que llegó al balonmano de pura chiripa, ahora de nuevo campeón de la Copa Asobal tras vencer el fin de semana al Cuenca y al Ademar en la final.

