Uno de los futbolistas más idolatrados de la historia es el japonés Kazuyoshi Miura. Otra cosa es que muchas de las personas que lo admiraron lo sepan, porque se trata de una idolatría indirecta. Miura, joven promesa del balompié nipón, decidió irse a vivir a Brasil con 15 años para triunfar “en el fútbol de verdad”. Al mismo tiempo, el dibujante Yoichi Takahashi se animaba a plasmar la historia de Miura en un manga. Porque Miura se convertiría, sobre el papel, en Oliver Atom -Capitán Tsubasa en su versión original- y reinaría en la parrilla televisiva de decenas de países en forma de dibujo animado. También en la imaginación y los sueños de millones de niños, que aspiraban a marcar aquellos goles imposibles y a emular aquellas carreras eternas. La de Atom era una historia en la que Japón vencía a Alemania en una Copa del Mundo décadas antes de la cita de Qatar. La de Miura es la historia de un futbolista que ayudó a crear la J-League en su país, pasó por Italia -a los 35 minutos de su debut, un choque con Franco Baresi lo envió al hospital con la nariz rota- o por Croacia. Un relato de amor al fútbol: a sus 55 años ha vuelto recientemente a jugar tras fichar por el Oliveirense portugués.

