A pesar de apuntarse el primer doblete del curso en el estreno del Mundial de Fórmula 1, Red Bull jugó con el resto de la parrilla en Baréin, donde se dedicó a contemporizar y a reservar la mecánica de sus dos monoplazas para eventualidades futuras. Este domingo, en la segunda parada del calendario que se disputó en Yedda, las distintas circunstancias que coincidieron generaron la coyuntura que llevó a los bólidos energéticos a desbloquear todo su potencial y a correr sin reservas. Y el cronómetro confirmó los augurios de pretemporada: el coche de los actuales campeones del mundo está más de un segundo por delante del resto del pelotón. En ese marco y si la política no tuviera peso, algo impensable en cualquier taller, también en el de la marca del búfalo rojo, el título se lo deberían jugar entre Max Verstappen y Checo Pérez, la pareja de la escudería de Milton Keynes (Gran Bretaña). Sin embargo, la brújula que Red Bull le entregó desde el primer momento al holandés deja en falso al mexicano, que vive en la necesidad de permanente de demostrar el tipo de piloto que es.

