La clasificación del último mes advertía que el <strong>Atlético </strong>era el mejor equipo de LaLiga, la dinámica desde el <strong>Mundial </strong>y tras los retoques del mercado invernal confirmaban que <strong>Simeone </strong>había conseguido levantar a un equipo que en noviembre había dimitido de <strong>Europa </strong>y parecía muerto. El triunfo ante el <strong>Valencia </strong>volvió a dejar claro cómo lo ha conseguido: con otra portería a cero; con un <strong>Griezmann</strong>, por el que tanto porfió para que siguiera, estelar; con un <strong>Carrasco </strong>recuperado para la causa cuando pocos confiaban que pudiera tener un final de temporada digno; con un gol fruto de la implicación de dos suplentes que a los tres minutos de saltar al verde fabricaban una jugada en la que <strong>Morata </strong>inventaba y centraba y <strong>Lemar</strong>, cabeceaba (sí, cabeceaba)… ¡Como para no rendirse el <strong>Metropolitano </strong>a su <strong>Dios… Pablo Simeone</strong>!

