El neón de Mestalla comienza a chisporrotear camino de encenderse y alumbrar la salvación. El interruptor lo han pulsado Rubén Baraja y Carlos Marchena, dos de los héroes del doblete en 2004 reclutados a la desesperada por la propiedad, Meriton Holdings, tras la salida del banquillo de Gennaro Gattuso y el agotamiento de la fórmula Voro. A riesgo de arder en la pira de entrenadores que ha chamuscado Peter Lim, una decena desde 2014, y de comprometer su leyenda como futbolista, Baraja, que cuenta con una lona en el primer anillo de la fachada de Mestalla junto a otros jugadores legendarios, solo pidió una condición: que con él llegara su amigo Carlos Marchena como segundo entrenador. “Es una persona con un carácter diferente al mío. Es más sosegado y tranquilo. Ayuda en el mensaje a los jugadores, porque lo transmite con claridad y a mí me da tranquilidad y otra opinión”, dijo el vallisoletano a su llegada.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *