Cuando el mando de los árbitros españoles revisó la temporada pasada, concluyó que se habían quedado cortos con las tarjetas rojas. Explicaron que algunas se les habían quedado “en el limbo”. Creían que debían haber protegido más a los futbolistas de algunas entradas demasiado duras. También pensaban que resultaba necesario poner orden en la zona de los banquillos. El Comité Técnico de Árbitros (CTA) recogió estas inquietudes en su circular de principio de curso, y algo cambió. El fin de semana pasado se cumplieron los primeros dos tercios del calendario de la Liga, en los que se ha visto el rigor arbitral disparado al doble. El campeonato español ha regresado a niveles de rojas no vistos desde hace más de una década, en la temporada 2009-10. Y eso pese a que el número de amarillas no ha cambiado.

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