El pasado domingo tuve la suerte de asistir al Athletic-Barça, con una invitación especial de Iribar y el Athletic. La cosa pintaba bien desde el inicio con esa camiseta retro negra que Iribar regalaba a Ter Stegen y que me permitía saludar a Marc-André, un rato antes de que entrara al vestuario visitante de San Mamés. Ya le avisé que todo lo que yo sabía de porteros se lo debía a ese señor que le regalaba su camiseta negra y que si tenía algo que reclamar acudiera a la ventanilla “Iribar”. Dice un amigo mío que la próxima vez que hagamos un acto de estos le deberíamos dar esa camiseta recordatoria después del partido, ya que ese saludo de Iribar antes del encuentro convierte al portero en un ser mágico y que las salvadoras paradas de Ter Stegen en los 90 minutos lo demostraron. Yo, claro, que también quiero llevar el agua a mi molino, le digo que fue la suma de la magia de Iribar y la camiseta verde de la equipación del alemán, lo que convirtió al portero en imbatible.

