Patrick McEnroe, hermano del célebre John e ingenioso comentarista de ESPN, resumía con su habitual agudeza el triunfo sísmico de Rafael Nadal frente Novak Djokovic en los cuartos de París: Incroyable. Todavía procesa e intenta descifrar el planeta tenis la última proeza del español, el qué y el cómo, el fondo y la forma. Con él sobre una pista, no existe lo inverosímil. Decía hace unos días el tenista que el duelo contra el actual número uno tal vez sería el último que disputara en París, en su Chatrier, pero en realidad, Nadal lleva toda una vida disputando su último partido. Todos y cada uno de los puntos que ha dirimido con el rival de turno, fuera contra quien fuera, ya sea el uno, el 50 o el 200 del listado, da igual, los ha abordado como si fueran su último servicio. Él no hace excepciones.

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