Tratando de explicar el secreto mejor guardado de su éxito, un conocido diario argentino llegó a afirmar el pasado mes de septiembre que Erling Haaland prefería los alimentos frescos a los congelados: excelente conclusión, muy bien jugado. De todas formas, e intuyendo que la ingesta regular de arándanos silvestres y bacalao Skrei no aclararía del todo la explosión futbolística del noruego, el mismo reportaje incluía las declaraciones del preparador personal de Haaland en Alemania quien —más bien al contrario— no eludía su cuota de responsabilidad en la creación del monstruo. “Diseñé un circuito en el que Erling debía golpear un saco en una de las estaciones”, afirmaba el tal Steenslid al ser interrogado por esa receta prodigiosa capaz de convertir en dios al más común de los humanos.

