Eduardo Camavinga probó el año pasado las eliminatorias de la Champions como agitador de situaciones desesperadas, y ha crecido hasta poder ejercer contra el Liverpool de aplacador de las desesperaciones ajenas. Como lo fue Fede Valverde, se ha convertido en una especie de comodín imprescindible para Carlo Ancelotti. Lo quiere en el campo aunque sea fuera de posición, aunque su desempeño sea imperfecto en ocasiones, e incluso peligroso. Para el italiano, todo lo que hace bien borra los sobresaltos, los desarreglos de verse fuera de posición, como cuando lo ha situado en el lateral izquierdo. Por ejemplo el sábado contra el Espanyol, cuando le ganan la espalda y llega el 0-1. “El hecho de que juega tan bien hace olvidar los errores”, dijo el técnico en la víspera.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *