No fue una noche de <strong>Champions</strong>, fue un trámite. El Madrid acudió al Bernabéu como el que va al notario a sellar el pase a cuartos de final. Que no había magia se vio a las siete y media en la llegada del equipo, más propia del invierno que de la primavera. Sin ruido, sin fuego. Por no sonar, no sonó ni el We’ll never walk alone de los aficionados del Liverpool, que vinieron al Bernabéu a tirar fotos al techo del estadio. Nunca creyeron.

