“Desgraciadamente, no jugaré este Mundial en estas condiciones”. La frase, pronunciada el 24 de febrero por la capitana de las bleues, cayó como un jarro de agua fría. Ese día, Wendie Renard anunció que abandonaba la selección femenina de Francia a cinco meses del certamen internacional. Un grito de alarma al que se sumaron otras cuatro jugadoras y que terminó con la destitución el jueves de la seleccionadora Corinne Diacre. Las quejas de las futbolistas francesas ponen de relieve unas demandas cada vez más globales: elevar el nivel de exigencia en los equipos nacionales y poder competir con mejores condiciones.

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