Fácil, pero tan tentador que es imposible resistirse, inevitable. Ya en las montañas de las Marcas, donde los Papas eran reyes, se llega a San Ginesio, pueblo en colina, el pueblo de las 100 iglesias, dicen los carteles, agitados por el viento del marzo ventoso que hace anular en la Provenza la etapa de la París-Niza y que en las autopistas del Mediterráneo obligan a los camioneros a agarrar fuerte el volante. El balcón de los Montes Sibilinos, también es San Ginesio, según las guías turísticas, estribaciones de los Apeninos, cuevas de adivinas, sibilas que a la pregunta del viento, cuando pasa el pelotón, ¿quién ganará en la fuente Lardina, la cima de piedra del Sassotetto, 1.266 metros, 10 kilómetros al 7%, nieve en las cunetas, nieblas eternas, viento pesado, etapa reina de la Tirreno-Adriático, subida final recortada dos kilómetros, y 200 metros de altitud, por los vientos?

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