En un deporte donde una décima puede ser sinónimo de logros históricos y de fracasos absolutos,<strong> Fernando Alonso</strong> ha conseguido adaptarse y jugar con la situación como aquel equilibrista que baila sobre su cuerda a numerosos metros de altitud. En el <strong>GP de Bahrein</strong>, el piloto asturiano volvió a dejar sin palabras a todos los que lo vieron cruzar la línea de meta con su <strong>AMR23</strong> <strong> en tercera posición</strong>.

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