Sin ruido, con un cruce amable, pero también con el fruto de una campaña europea sobresaliente en una temporada en la que sólo le han ganado una vez (sus eliminaciones en las competiciones coperas domésticas llegaron sin derrotas y apenas cayó contra el Braga en la Liga), el Benfica entra por segundo año consecutivo entre los ocho mejores equipos de Europa. Lo hace con marchamo de equipo maduro, pleno de recursos, con talento, pero sobre todo con el estilo vertical y apasionado que promueve el germano Roger Schmidt. Dispara la imaginación en todos los sentidos el histórico equipo luso, un tapado con capacidad para complicar a cualquiera. Ni París Saint-Germain ni Juventus le han superado en esta Champions, ni mucho menos lo hizo el Brujas, superado primero en Bélgica y vapuleado, en fin, en la vuelta en Lisboa (5-1).

