Las personas que deben tomar decisiones difíciles cada día lo hacen con frecuencia bajo gran presión y con poco tiempo, como los ajedrecistas, cuya manera de razonar y actuar puede ser muy aplicable en la vida normal. La Academia de Ajedrez de Múnich (Alemania) ha desarrollado un método con ese fin, Königsplan (el plan del rey). Tras su éxito con directivos de empresas importantes, ahora ha creado una versión para niños, con quienes ya utiliza el ajedrez como herramienta educativa desde hace quince años.
El zugzwang de Napoleón
Zugzwang es una palabra alemana que describe una situación diabólica en ajedrez (y en la vida): la obligación de hacer una jugada (no se puede pasar el turno sin jugar, como en el mus) lleva a la derrota, porque todas son malas. El Königsplan también incluye ese concepto, y Kindermann aporta como ejemplo la hecatombe que sufrió Napoleón Bonaparte en 1812 cuando invadió Rusia con 600.000 soldados y un completo equipamiento militar. El emperador francés, aficionado al ajedrez, dijo antes de ganar -aunque con terribles pérdidas- la batalla de Borodino: “Las piezas de ajedrez están dispuestas. Mañana empezará la partida”.
Sin embargo, el general ruso Mijaíl Kutúzov demostró ser un ajedrecista mucho más profundo: ordenó la retirada, permitiendo incluso que los galos tomaran Moscú, sabedor de que su gran aliado sería el gélido invierno ruso. Napoleón se encontró de pronto en una situación donde todas las jugadas eran malas: seguir avanzando o permanecer quieto equivalían al suicidio; retroceder, al fracaso. Finalmente regresó a París con solo 10.000 hombres tras unos de los fracasos más clamorosos de la historia militar.
La lección de Kindermann: “En ese ejemplo podemos ver el asombroso efecto de planear con gran calma, teniendo en cuenta todos los factores que pueden afectar a nuestro rival”.

