Max Verstappen y Red Bull iniciaron su andadura en el Mundial de Fórmula 1 de esta temporada de la misma forma en que terminaron el anterior: arrasando. El actual campeón se llevó cuatro de los últimos cinco grandes premios del último curso, una racha que ilustró estupendamente su superioridad y la de su escudería, capaces de celebrar el alirón en Suzuka, cuatro citas antes del final. Si tenemos en cuenta las hechuras de la primera parada de este calendario, con la información previa que dejaron las pruebas invernales, el panorama que anticipa este 2023 es muy similar al que tuvimos entonces. En Baréin, donde hace menos de 15 días Red Bull les metió el miedo en el cuerpo al resto de la parrilla, Verstappen se dio un paseo militar para adjudicarse la primera carrera del año. Checo Pérez, el mejor consorte que ha tenido nunca Mad Max, firmó el primer doblete de la estructura energética, mientras que Fernando Alonso volvió a subirse al podio dos años después (Qatar 2021) en su estreno con Aston Martin. Como dicen que la alegría va por barrios, el subidón del equipo de Silverstone coincidió con el gatillazo de Ferrari, que se daba con un canto en los dientes con el tercer puesto de Charles Leclerc cuando el coche del monegasco se quedó seco (vuelta 42) como consecuencia de una avería en el propulsor. Carlos Sainz, cuarto, se las apañó para mantener a raya a Lewis Hamilton (quinto) y evitó un descalabro todavía mayor. Pero si alguien deslumbró con luz propia ese fue Fernando Alonso.

