“Viéndolo por la tele, parece que le da igual todo. Qué ego, arrogancia, autoestima, confianza, no sé qué llamarlo. Es un monstruo. Inhumano”. Habla Adel Mechaal de Jakob Ingebrigtsen. Habla la gran esperanza española del atleta que asombró al mundo, y le dejó a él con la boca abierta, y a Jesús Gómez, admirado y hasta contento pese a acabar cuarto, el viernes en la final de 1.500m, del noruego que será su rival el domingo en la final de 3.000m, para la que ambos se clasificaron sin mucha bulla. “Antes de llegar a Estambul”, dice el atleta español que vive gran parte del año en la gran ciudad turca, casado con una atleta turca, e intenta controlar las emociones, “dije que vendría a ganar los 3,000m, pero después de lo que vi, de cómo hizo 3m 33s sin liebre, tirando él solo, y seguro que podría haber ido más deprisa, que tenía otro cambio, y yo he hecho 3,33m y sé lo que cuesta hacerlo, y lo he hecho con láser, con la mejor liebre del mundo, y aun así me ha costado, y él lo hizo solo, y después de ver eso, y sé que como solo piensa en hacer historia en el 3.000m saldrá a batir el récord del campeonato [7m 38,42s del turco Alí Kaya en 2015], y que tensará a todos a mil o 1.200 metros y querrá llegar solo para celebrar y que nadie le pueda remontar, y después de todo eso, mi única intención es hacer un último mil a mi estilo, en 2m 22-2m 23, y agobiarle para que tenga que esprintar en los últimos metros, para que no entre tranquilo”.

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