Por eso, “el fútbol internacional de selecciones y clubes corre graves riesgos. Al principio se entrenaba a héroes ingenuos y románticos. Después comenzamos a llamarles profesionales. Más adelante comenzamos a entrenar millonarios. Hoy entrenamos a auténticas empresas, con intereses diferenciados y a veces hasta antagónicos en el mismo equipo”.

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