A caballo de emociones desatadas, inflamado por la hinchada, por la música —North London Forever— y por el aroma de un título que no levanta desde 2004, el Arsenal desgastó al compacto Everton este miércoles antes de hacerlo trizas en dos acciones fulgurantes, culminación de un fútbol divino, sencillo, rápido, imparable en los pies de jugadores entusiasmados y generosos. El 2-0 antes del descanso no tuvo vuelta atrás. Hundió al club de Liverpool en la zona del descenso y consolidó al Arsenal como líder exultante de la Premier, con cinco puntos de ventaja sobre el perseguidor, el Manchester City, en la noche en que ambos igualaron los 25 partidos disputados.

