Todo iba sobre ruedas. Hasta que todo se torció. El isquio de la pierna derecha de Carlos Alcaraz se resintió y la final de Río de Janeiro dio un giro drástico y radical, planteando un escenario prácticamente imposible. Crudo. Dolorido y sin poder ejercer los apoyos, el español, de 19 años, jugó durante una hora a manotazos, sin poder esprintar ni maniobrar. Sobreviviendo. Se revolvió, se rebeló, lo dejó todo. Pero no hubo manera: 5-7, 6-4 y 7-5 favorable a Cameron Norrie, tras 2h 40m. El percance físico le privó de revalidar el título en Brasil y volvió a subrayar la cruda realidad de las lesiones y el tenis, deporte en el que no existen las pausas ni las treguas. Tras disputar nueve partidos en 14 días, viniendo de una baja prolongada, la musculatura del murciano le frenó. Lo tuvo cerca, pero se esfumó.

