El día que Diego Pablo Simeone igualó a Luis Aragonés como el entrenador del Atlético con más partidos (612), afloró un derbi manso hasta su tramo final. Su celebración del empate, puños cerrados agitados al aire, fue la culminación de esos veinte minutos frenéticos, desatados cuando Correa sacó el codo contra el pecho de Rüdiger sin estar el balón por el medio. El colegiado Gil Manzano no lo dudó, tarjeta roja. Hasta entonces, el partido había sido de guante blanco. “Puede ser amarilla, echar a Correa por eso… No quedarían jugadores dentro del campo. Rüdiger mide 1,96 y se levantó muy rápido. Todos deberíamos competir de la misma manera”, se quejó Simeone. La expulsión caldeó el ambiente. Hasta ese momento, la hinchada madridista se había entretenido cantando “Corrupción en la Federación”, cada vez que consideraba que el árbitro se equivocaba en contra de su equipo. También se escuchó “Tebas vete ya”, en alusión al presidente de LaLiga.

