El rugby galés se encuentra en el ojo de la tormenta. Hace tres días, los jugadores amenazaban con una huelga que valía 9 millones de libras, los ingresos que reporta a su federación el partido del año: la visita de Inglaterra a Cardiff. Por mucho que la pandemia haga mella en las cuentas, cuesta aceptar una bajada de sueldo mientras tus jefes firman un contrato millonario al seleccionador, Warren Gatland, plantean proyectos exóticos como una tirolina en el estadio nacional o se defienden de comportamientos misóginos. Estaba escrito que en una semana así el XV de la Rosa, lejos de la excelencia, se llevaría la victoria. Así llegó la duodécima derrota galesa (10-20) en los últimos 15 partidos, su tercera en tres jornadas del Seis Naciones.

