La épica del frío y la nieve le dio paso a la épica del paisaje, el Miño que muere en el Atlántico a sus pies, y allá, a su frente, Portugal, y por encima de todos, bajo el sol rutilante y frío, un campeón. Botando sobre las piedras, un pavés descomunal, losas gigantescas en un caminito estrecho y empinado, flanqueado por 14 cruces de piedra, un viacrucis completo dedicado a Santa Trega (Santa Tecla) que algunos recorren de rodillas, llega tremendo, pedaleando, Jonas Vingegaard, el ganador del Tour, un gigante danés, que no sufre, goza. Ha atacado cuando el ascenso al monte que marca la punta sudoeste de Galicia se hace aún en asfalto, antes del desvío de 231 metros que da carácter y personalidad al final de la segunda etapa de O Gran Camiño. Faltaban 2,4 kilómetros, exactamente, para la meta cuando el danés, de 26 años, culminó el trabajo de todo su equipo, de los tremendos dos últimos trabajadores, Rohan Dennis, el australiano experto, y Joannes Staune Mittet, un niño danés, del equipo continental debutando con los mayores, que se multiplica por su ídolo.

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