Bajo la nevada, casi, Jonas Vingegaard sube hasta la boca, protegiendo la barbilla sensible, la braga de colores que le protege el cuello, se ajusta las gafas de sol y pedalea. Lleva la mano enguantada al manillar y pone en marcha el ordenador de su bicicleta. Comienza la temporada, el camino hacia el Tour del último ganador en París, un danés de 26 años que, sobre todo, pide calma, y no quiere agobiarse. Es el antiPogacar, el ciclista tranquilo. “Será una carrera dura. Y fría. A ver cómo nos va”, dice, antes de partir, el danés, que ha elegido O Gran Camiño para empezar la temporada porque le vendrán bien su dureza y su contrarreloj para llegar pleno a la París-Niza, en 10 días, donde le espera Tadej Pogacar, su segundo en el Tour, el esloveno que se exhibe allá por donde va. “Me encantaría exhibirme aquí, pero si no lo consigo no me voy a estresar. Sé de lo que soy capaz cuando estoy bien”.

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