El ejército celeste de Guardiola marcha otra vez por el continente en busca de su segunda final de Champions. Él dice que ganarla es más complicado cada año. Por si acaso, en Leipzig regresó a sus esencias: el 4-3-3. El sistema primigenio. La herramienta que nadie sabe desarrollar mejor. Un molde que asegura confort y ventajas competitivas a sus jugadores, animosos en la primera parte y acomodados en la segunda frente a un adversario que dominaron pero no vencieron. Un cabezazo de Gvuardiol en un córner castigó al City más armonioso que se ha visto en las últimas semanas.

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