Los ídolos también tienen ídolos. Pueden ser los más insospechados. Y los encuentros pueden no ir todo bien, ya que en muchas ocasiones esas personas no se esperan la admiración que despiertan en la estrella en cuestión. Y la situación se vuelve un poco rara, porque el ídolo principal -llamémoslo así- actúa de una manera totalmente inusual e inesperada. Es decir, se desempeña de la manera en que la gente suele hacerlo con él, descolocando al personal. Cuando Pier Paolo Pasolini tuvo la oportunidad de grabar unas entrevistas con jugadores del Bolonia para el documental Comizi d’amore, la cosa salió regular. Era tal la ilusión que tenía el cineasta por el encuentro -era un apasionado hincha del equipo, que aquel otoño se dirigía hacia su séptimo título de liga- que avasalló a los futbolistas con preguntas sobre la libertad o el sexo.

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