Las riadas de gente, insospechadas porque la final de la Copa era por la tarde, advertían de que en Badalona siempre hay ganas de baloncesto. “Está lleno”, se disculpaba uno de los encargados de seguridad del Olímpic al entrar al pabellón, que no reparó en las acreditaciones de prensa. Y así era, no cabía un alfiler al menos en todos los anillos a excepción del superior; 8.630 personas que supuso el récord histórico de la competición -el anterior registro estaba en los 3.814 en Granada 2022-, alimento del bueno para unos chicos que nunca antes se habían visto en tesitura parecida. Así, la grada ofrecía una pinta estupenda, llena de color (masivo el azulgrana por eso de la proximidad geográfica) y de padres con niños, familias entusiasmadas por pasar la mañana del domingo viendo un baloncesto de altos vuelos, el mejor posible en infantiles de España. Aunque ninguno como el del pívot del Madrid Mahamadou Landoure, maliense que con 13 años y 2,11m se bastó solo para descuajaringar al Barcelona (84-74), haciendo mala esa idea que mejor jugar en equipo que con individualidades. Landoure fue demasié y alargó el poderío blanco en la Minicopa, pues han conquistado nueve de las últimas 10 ediciones, que son todos sus laureles y los líderes en triunfos por delante del Barcelona (6) y el Joventut (4), que quedó tercero en esta edición.

