Al órdago de Felix Auger Aliassime, porque lo suyo es un desafío en toda regla, responde Rafael Nadal con una demostración de fe –la que tiene para no desistir en la carrera y devolver con un cortado definitivo la bola, y de ahí al break– e instinto, mucho instinto; el de golpear cuando se debe y donde más daño se hace para zafarse finalmente del canadiense (3-6, 6-3, 6-2, 3-6 y 6-3) y sortear una encerrona de 4h 20m. Así se desbloquean los octavos, con un buen palizón en el cuerpo; así llega la rúbrica y, a la par, la confirmación de aquello que se sospechaba tras el sorteo del cuadro: él y Novak Djokovic volverán a verse las caras. Esta vez es pronto, el martes en los cuartos.

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