El 25 de enero fue un día agridulce para Sara Khadem. Cuando regresaba desde La Moncloa a su lugar secreto de exilio en España tras una “muy agradable reunión” con el presidente Pedro Sánchez, la ajedrecista iraní supo que el Gobierno de su país había emitido una orden de arresto contra ella. Su delito fue jugar sin velo el Mundial de partidas rápidas de Almaty (Kazajistán) en navidades, como protesta por la muerte bajo custodia policial de la activista Mahsa Amini.

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