Lo moderno es el ciclismo antiguo y Tadej Pogacar atacando en un puerto que se llama Despiernacaballos, toponimia popular, por una carretera que ni es carretera, pequeños parches de asfalto sobre las escarpas de la Sierra de Cazorla sobre el Segura, piedras lunares que cantó Miguel Hernández. Quedan 12 kilómetros de etapa hacia la cuesta de Santiago de la Espada, y los tres españoles que le siguen, los mejores ciclistas españoles de estos tiempos, Mikel Landa, Enric Mas y Carlos Rodríguez, deciden autónoma y unánimemente, mirar para otro lado, dejarle irse al ciclista y, como uncidos a un yugo, colaborar, y con ellos el colombiano Santiago Buitrago, del equipo de Landa, y subir a su ritmo. Pogacar sube al suyo, que es atómico. Ciclismo a la antigua, de una sola velocidad. Lejos de él, de su fortaleza, las sutilezas del ciclismo táctico que permiten a los débiles de piernas y fuertes de inteligencia competir y ganar.

