La normalidad como excepción. Vinicius jugó el miércoles en Marruecos un partido normal, y es novedad. Seguramente condicionado por la polémica que lo envuelve, empezó confuso, se fue soltando y, respondiendo a su condición de jugador hiperactivo, le acabó dando tiempo a todo: frenó, aceleró, regateó, acertó, falló, se enfadó, protestó, marcó un gol, le hicieron un penalti… Al final se erigió en gran protagonista y en dueño del peligro. Pero en España las cosas no son tan fáciles. A Vinicius se le está complicando la tarea y se le está quedando cara de león en cautiverio. Las garras siguen intactas, pero es imposible no distraerse con el ruido que hay alrededor, con los latigazos que le pegan, con el desamparo que debe sentir cada vez que sale al escenario.

