Mientras todos los técnicos de la selección de piragüismo de aguas bravas se juntó el sábado por la noche en una habitación del hotel en Liptovsky Mikulas (Eslovaquia) para ver la final de la Champions –el único bar del pueblo que la televisaba estaba petado de gente- Miquel Travé descansaba y repasaba mentalmente la bajada que este domingo le esperaba en el canal de aguas bravas donde se está disputando el Europeo. Tenía la semifinal a las 10:20, tranquila, controlada, gestionando ventaja sin correr riesgos innecesarios para meterse en la final. Y de la final, a eso de las 13:00, salió con una medalla de bronce colgada al cuello. A 1,73 segundos del ganador, el esloveno Benjamin Savsek. Segundo, a 0,57, fue el alemán Sideris Tasiadis. Se lo llegan a decir a principios de 2020, justo antes del confinamiento, cuando él estaba metido en un “agujero negro de malas sensaciones” y pesadillas en el agua, y no se lo cree. Hace pocos días, desde Eslovaquia, contaba a este periódico que a él la pandemia le salvó. “No llego a haber confinamiento y no sé dónde estaría ahora…”

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