Las arterias de la administrativa Rabat trataban de absorber a media tarde lo imposible: una hilera infinita de coches llegando al estadio Moulay Abdellah por el camino más recto. Por las vías secundarias, todo era más accesible y también un viaje al profundo Marruecos, con puestos de gallinas, huevos y frutería en una zona de casas bajas que no invitaban demasiado al turismo. Al Madrid también le costó encontrar la ruta de la victoria. Dar con ella y luego hacerla buena. Le echó una mano la defensa egipcia, que se abrió en canal al borde del descanso para alivio de Vinicius. Fue, sobre todo, la noche de los bálsamos blancos. El del brasileño, angustiado en los últimos tiempos por el empedrado, y el de Valverde, que volvió a marcar con los merengues 13 encuentros después. La apertura de un triunfo, con colofón final del taconazo de Ceballos y del pipiolo Arribas, que tuvo más trama de la esperada. “Con 2-0 pensamos que estaba acabado, pero esto no es el fútbol”, advirtió Carlo Ancelotti, que este jueves recupera a Militão y Benzema, que viajan desde Madrid y se probarán en el entrenamiento previo a la final del sábado contra el Al Hilal (20.00). No a Courtois, que se queda en casa.

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