El Madrid llegó a Marruecos con una obligación ineludible —ganar el Mundial de Clubes; la semifinal, contra el Al Ahly; 20.00, Telecinco— y una bola de nieve pisándole los talones: el ruido por Vinicius. Las cinco temporadas del brasileño en el Bernabéu son un quiebro constante. Han dado para la mofa general, para descoser a los contrarios cuando ya nadie lo imaginaba, y ahora para que el equipo se sienta desequilibrado por el ruido generado en los últimos meses alrededor del extremo y los métodos, deportivos y extradeportivos, que usan los rivales para frenarlo.

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