Recogió su medalla, se llevó la mano al corazón y miró a la grada buscando consuelo. Una pancarta aparecía en el anfiteatro de Saint-Denis invocando a la religión Kloppiana: “Jurgener believers”, rezaba. La fe red, sin embargo, no alcanzó en París. El entrenador del Liverpool advirtió en la previa de que cuanto más se gana, más cerca está la derrota, en referencia a la infalibilidad del Madrid en su Copa de Europa. Pero no fue esta vez. Se acogió a una especie de ley de probabilidades no demostrada y erró. No importó que el Madrid necesitase nueve paradas de Thibaut Courtois, que Mohamed Salah lo intentara nueve veces y que Alisson Becker no hiciera ninguna intervención. 24 remates del Liverpool y cuatro del Madrid. Pero ganó el Madrid. Cuando el técnico alemán tuvo que dar explicaciones, solo hubo incredulidad. “Ellos han marcado un gol y nosotros, no. La explicación más fácil en el mundo del fútbol”, resumió.

