Desirée Vila siempre fue una niña inquieta. <strong>»Necesitaba estar haciendo el pino y acrobacias»</strong>, recuerda con una sonrisa en el plató de MARCA la Diferencia. Cambió el ballet, que le parecía «repetitivo y aburrido», por la <strong>gimnasia acrobática</strong>. Tenía mucho talento, por eso no tardó en entrar en el equipo nacional y llegó a disputar un Mundial y a trabajar en un circo. Desde pequeña aprendió a poner su cuerpo al límite y a buscar hasta dónde podía llegar.

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