Los Dolomitas han sido el escenario de historias míticas. Los ciclistas han afrontado la nieve y el frío de la cordillera transalpina con los maillots en carne viva, brazos expuestos y los labios morados. Sobreviviendo a los rigores de colosos dolomíticos como el Pordoi y la Marmalada sintiéndose héroes, con una afición entregada, admirando su figura fina y elegante, aplaudiendo a su paso. Hilando la leyenda del ciclismo con oro y gloria. En definitiva, forjando un deporte único.

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