El Real Madrid hizo todo lo que Carlo Ancelotti llevaba semanas exigiendo, y también algo más. Cumplió lo estructural y deslumbró en el adorno, en la fantasía. Pero no sirvió para nada. A la Real Sociedad, que llegaba de exprimirse en el Camp Nou, no le tiemblan las piernas ni cuando parece que todo se va a derrumbar a su alrededor porque vibran sintonizados Vinicius, Rodrygo y Benzema. Dejaron ejecuciones memorables, precisas y bellas, pero no acertaron con el gol. Y así, la noche en la que por fin afinaron todo lo que desafinó en la cubierta del navío que naufragó en el clásico de la Supercopa de Arabia, fue también la noche en la que se descolgó otros dos puntos de la cabeza que ocupa el Barça, después de un partido en Girona muy romo, las antípodas de este Real entonado que no atinó con el gol al contrario que muchas veces que no atina con nada más.

