El éxtasis de España la noche del miércoles en su hotel de Gdansk fue de aúpa. Razones sobraban después de abatir con tanta agonía y gloria a Noruega. ¿Y Jordi Ribera qué tal estaba? “Contento, por supuesto, pero él siempre comedido”, matizaban este jueves quienes pudieron verlo desde dentro. No hay grandes debates a la hora de describir a este gerundense nacido hace 59 años en Sarriá de Ter, el ideólogo de una selección única que este viernes (18.00, Tdp) disputa las semifinales del Mundial de balonmano contra una Dinamarca de récord (26 encuentros invicta en el torneo). Un hombre serio y metódico que respira balonmano 25 horas al día; una hormiguita analizando rivales, jugadores y tácticas; “un obsesivo” de lo suyo, según lo definieron las autoridades antes de despedir a la expedición; un antidivo en la era del marketing.

